p |
or alguna u otra razón ese martes me encontraba revelando unas fotografías, en el almacén que está a unas cuadras del lugar donde trabajo.
Al llegar al mostrador entregue mi dispositivo usb a la señorita que atiende el establecimiento, tomó mis datos, eligió el modo de impresión y continuó con sus actividades casi sin prestarme atención alguna, y no es que me queje, ok? Pero.
Me parece que puedo perdonar su nula muestra de interés hacia mi persona, para ser sincero para el día de hoy ya olvidé todas las preguntas que me hizo con respecto al servicio que me proporcionaría, lo único que no puedo sacar de mis recuerdos fueron las veintidós letras que utilizó para pronunciar las cuatro palabras que me llevaron a escribir este capítulo.
“Espere un momentito señor”
Para cuando terminó de citar la frase protagonista de este día, ya mis ojos habían seguido la ruta que trazó su dedo índice, para indicarme el lugar donde debía esperar, ya para ese instante dos preguntas se habían gestado en mi mente: 1.- ¿Por qué utilizar un diminutivo? ¿Acaso es una estrategia mercadológica para que no cause en mi un estado de shock?, y número 2 ¿Por qué me llamo Señor? Ha “esperar” que palabra tan pequeña, pero que difícil significado, si pudiera hacer alguna recomendación al almacén para las personas, que como yo esperamos en sus tristes y frías sillas, sin duda alguna sugeriría que al menos abastecieran a los viajantes con opciones para invertir su tiempo mientras esperan, leyendo un buen libro, colocando una pecera, o hasta algún folleto de “Visita México”
¡ho ho ho! “Esperar” Tenemos que esperar la luz verde del semáforo, tenemos que esperar la mañana para ver el sol, tenemos que esperar los domingos para ir a la iglesia, tenemos que esperar a que se caliente la comida, esperar a que el café esté listo, esperar a que presionen el botón para que la puerta eléctrica anti robos pueda abrirse, esperar a que sean las ocho para ver mi serie favorita, esperar, esperar, esperar, esperar.
¿Acaso el ser humano fue creado para enfrentar semejante tortura? ¿Es el hombre que va muy aprisa por la vida? ¿O soy yo?, eso de esperar, resulta una tortura ¿Acaso no fuera más sencilla la vida, si no tuviéramos que esperar?, si de pronto llegara la mujer más bella del universo y te dijera fijamente a los ojos, “Hola yo soy el amor de tu vida, me gustan los peces, disfruto ver los amaneceres y también quiero ir a un concierto de U2 sólo para ver como Bono dice: »Dios es bueno«
Definitivamente eso sería lo ideal ¡Espera! Tengo uno mejor, “Deanda hemos decidido cuadriplicarte el sueldo y eso no es todo, queremos que no vengas por las tardes para que tu carácter no sea probado todos los días con esa secretaria”.
Definitivamente me gustaría la vida así, una vida donde todo fuera fácil, donde no tuviera que esperar la certificación de mi título y que nunca tuviera que perder mi tiempo en algún reten de la policía federal en la carretera, aunque para ser sincero, ¿Donde quedaría todo mi esfuerzo? ¿Adónde se iría mi espíritu de conquista? Y por supuesto, en donde almacenaría toda mi creatividad para lograr que ella se enamore de mí? ¿No?
Pensándolo bien, esperar no es tan malo, esperar fue lo que hizo el joven David, después de ser ungido como rey, al regresar a obedecer a papá con el cuidado de las ovejas, esperar fue lo que hizo Saulo, después de escuchar a Dios darle su apostolado, él pacientemente espero para comenzar su ministerio, y por supuesto, mi Señor Jesús, él que fue Dios hecho persona, pasó treinta años entre aserrín y madera antes de trastornar este mundo, si.
Definitivamente quiero esperar, quiero esperar pacientemente aunque me desespere, quiero esperar, porque sé que Dios está conmigo, así como lo está contigo en esa fría sala de espera, así que si tu estas esperando algo, como un trabajo, una respuesta, una oportunidad, o un ministerio, tengo algo para ti…
SALMO 40:1-3 “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
Finalmente mi día mejoro al escuchar – Señor ya están sus fotografías ¿Qué? una vez más ella me llamó “señor” me devolvieron mi usb, y automáticamente una sonrisa se dibuja en mi rostro, aunque fue muy pequeño el instante, fue una gran enseñanza.
4 y dijo: «Te bendeciré en gran manera y multiplicaré tu descendencia.»15 Y así, después de esperar con paciencia, Abraham recibió lo que se le había prometido.
Con Cariño: Luis Deanda

No hay comentarios:
Publicar un comentario